Instagram, la red social que causa más depresiones

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En este post vamos a hablar sobre Instagram, la red social de moda. Visual, directa y seductora, vamos a analizar los motivos por los cuales, ya hace tiempo que se ha definido como la red social que causa más depresiones.

A estas alturas de la película para la mayoría de personas no es un secreto que las redes sociales dentro del apetecible caramelo que ofrecen, llevan envueltas un componente algo tóxico.

Instagram, es una de las redes sociales que ha tomado más fuerza durante los últimos años. Actualmente podríamos decir que una parte muy grande de la población, especialmente, del primer mundo está presente en esta red social.

La red social de ensueño, donde la fotografía del desayuno está pintada de colores más vivos que la propia realidad y publicada después de infinitas tomas para encontrar el ángulo perfecto. Instagram es la perfección hecha realidad, excepto que esa realidad, es una realidad virtual.

Puesto que las redes sociales son algo totalmente nuevo, y aunque los resultados del uso de las mismas ya empiezan a salir a flote, aún no hemos podido ver el impacto que éstas tendrán en la población en un futuro que cada vez tenemos más cerca y del que la mayoría (y en ella me incluyo) somos responsables.

¿Es Instagram la red social que causa más depresiones?

La respuesta corta es: sí. La larga, requiere de más elaboración y es en eso en lo que nos vamos a centrar en las próximas líneas.

La vida de ensueño y el falso paraíso

No es un secreto. Los filtros hacen milagros, tanto si se trata de fotografiar un paisaje, como si se trata de fotografiarnos a nosotros mismos.

Podemos potenciar el color, retocar las luces para aparentar menos ojeras, bajar el enfoque, para aparentar tener una piel más suave, o subirlo y aparentar un tono de piel que ayudará al musculo a verse con mucha más definición.

Si además tenemos en cuenta la cantidad de tomas que se pueden hacer previo a la publicación, tenemos el cocktail perfecto para… que la foto salga (adivina) perfecta.

Esta falsa realidad juega para ambos lados. Tanto para el que la hace como para el que la ve. Creando un juego del que la mayoría de personas integrantes de la red social son (o somos) partícipes en mayor o menor medida.

Y es que pudiendo y teniendo la opción, ¿quién elegiría mostrar una fotografía en la que no sale favorecido? Pocos. Muy pocos.

El resultado de todo esto es que la mayoría de los usuarios de esta red social, tratan su propia imagen con más meticulosidad que el mejor de los publicistas, creando alrededor suyo un especie de «branding personal» bajo el que someten toda su identidad.

Esta identidad autoimpuesta es la que determina el tipo de fotografía que van a mostrar en su perfil y el tipo de ropa que está o no está permitida. En definitiva, se crea un protocolo que fomenta un control máximo para cada una de las publicaciones.

Todo esto no es en vano. Puesto que detrás de una acción, hay una motivación. Y ésta resulta clara: obtener los mejores resultados posibles y mostrar la aparente y apasionante vida de la que formamos parte.

El like como unidad de medida del valor de la publicación

La métrica para valorar el éxito de una publicación es clara: más likes, más valor la publicación.

El problema viene cuando a raíz de ello extraemos lo siguiente: más likes, más valor la publicación y más valor yo, puesto que en la publicación estoy yo.

Si ponemos el escenario de que en comparación a un pedazo de influencer o incluso a tu amigo Pedro, tienes muchos menos likes, el siguiente paso será sentirse un perdedor.

Pero al igual que con el uso de filtros y la «amplificación de la realidad» a la que sometemos nuestras fotografías, ser un perdedor en Instagram también está amplificado, puesto que ahora ya no serás el perdedor de tu clase, de tu trabajo o de tu pueblo. Ahora eres un perdedor mundial.

Instagram está perfectamente al tanto de todo esto y la prueba es que actualmente está realizando experimentos y pruebas desactivando los likes en las publicaciones. Por ahora estas pruebas las ha realizado en varios países, siendo uno de ellos Canadá.

Según la plataforma, el objetivo tras estas pruebas y la posible futura implementación en los demás países, es que los usuarios se centren menos en el número de likes por publicación. Algo que seguramente no agradará mucho a los famosos influencers.

La activación del sistema de recompensa

Los likes resultan dulces para el receptor. Excepto que para ello no debe consumir ningún alimento. Pero aún así sabe dulce… o adictivo… o ambas cosas al mismo tiempo.

Y es que al igual que ocurre con el azúcar y con las drogas, recibir likes, activa el sistema de recompensa y por ello puede crear una gran adicción.

Cuando recibimos likes o notificaciones nuestro cerebro se pone en acción y empieza a liberar dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que entre varias funciones, activa los circuitos del cerebro asociados a la persecución de metas y puesto que las personas estamos directamente estimuladas cuando estamos orientadas hacia una meta concreta, esto nos crea una falsa sensación realizadora.

La dopamina es liberada tanto en el momento de realizar actividades saludables como el deporte o practicar sexo como cuando realizamos actividades nocivas como apostar o utilizar drogas.

Si te interesa profundizar más sobre el tema, puedes ver este artículo (en inglés) escrito por Trevor Haynes y publicado por la Universidad de Harvard.

Aquí Sean Parker explica el concepto del «social validation feedback loop» y la vulnerabilidad psicológica de la que se benefician las redes sociales haciendo uso de los likes para crear adictos gracias a la liberación de dopamina.

Jóvenes, los más afectados y casos extremos

Como casos extremos, hemos sido testigos de más de un suicidio por usuarios influencers de esta plataforma.

Algunos debido a llevar una vida sumamente falsa, donde el personaje se ha comido a la persona, quedando atrapados en una falsa realidad de la que internamente no se sienten nada identificados. Otros debido al bullying y el acoso recibido por parte de otros miembros de la red social.

La realidad es que en etapas de desarrollo críticas como puede ser la adolescencia, el efecto resulta ser demoledor puesto que son mucho más susceptibles a todos los efectos antes descritos.

El antídoto

Tener una visión crítica y madura

Es evidente que dejar de utilizar las redes sociales o en este caso, concretamente Instagram, es acabar directamente con el problema, pero no nos engañemos. No es realista. La mayoría de personas quieren seguir utilizando la red social y siempre y cuando se utilice de una forma madura y teniendo en cuenta que lo que estamos viendo no es la realidad en sí misma, si no, la realidad pasada por filtros, no debería haber ningún problema.

Seguramente más de una persona pensará que este es un punto de sentido común, pero la realidad nos muestra lo contrario.

Responsabilidad en el uso y el control de los más jóvenes por parte de los adultos

Controlar el tiempo que pasamos en estas redes sociales también es un punto que debemos tener en cuenta y especialmente para los más jóvenes.

Lo que es seguro, es que deberíamos establecer un control mucho más estricto para el público más joven e incluso no permitir la utilización de ninguna red social hasta ciertas edades, por las consecuencias que su uso puede conllevar.

Este control para con los más jóvenes debería ser aplicado de forma unánime por tal de que como consecuencia de ello no queden excluidos únicamente los críos de padres concienciados por la causa, puesto que ello tampoco resultaría mucho mejor para ellos.

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